
La formación y la participación de los y las jóvenes es primordial para lograr la prevención de la violencia en el fútbol y, en ese sentido, fomentar los valores en la actividad deportiva y las relaciones interpersonales en la vida cotidiana.
Es muy difícil reciclar a los violentos que asisten a las canchas; en cambio, es factible evitar que tengan nuevos adeptos. Es imperante un verdadero cambio cultural. Para ello se requieren soluciones preventivas que tengan a la educación como el eje vertebral. Es necesario implementar acciones a largo plazo que apunten a formar a las jóvenes generaciones.